Nos complicamos demasiado la existencia. Quizás sea porque nos encante ir de mártires por la vida o simplemente porque somos incapaces de admitir nuestros errores y enfrentarnos a aquellas situaciones que más nos aterran.Damos mil vueltas a las cosas cuando realmente son mucho más sencillas. ¿Dónde esta esa espontaneidad que teníamos de pequeños? ¿Quién se la ha quedado? Todo era mucho más fácil, buscábamos soluciones a los problemas y ahora, sin embargo, lo único que sabemos hacer es sacar más problemas. Es ese miedo que tenemos a no sabemos qué, pero que paradójicamente, no podemos evitar sentirlo.
Muchas veces se habla de la experiencia como algo grandioso y bla bla bla, pero ¿por qué? Según pasa el tiempo más fríos nos volvemos y la inocencia vamos perdiendo. Cuando mi madre o alguien me dice:
- Es que eres tonta, nunca aprendes y de buena que eres siempre te pasa lo mismo
Pienso “vale debería aprender y no hacer el canelo más” pero sin embargo, si hago eso qué me queda.
Si no actúo como realmente soy yo, si hago lo que los demás quieren simplemente porque no me hagan daño, ¿no me estoy torturando a mi misma? Con esa actitud podría protegerme de un millón de cosas pero, ¿y las cosas buenas que pierdo? Y es que tendemos a centrarnos demasiado en las cosas materiales y no nos damos cuenta de la importancia de una sonrisa sincera, de un guiño de ojos o una mirada de complicidad. Nos olvidamos que muchas veces para recibir esa sonrisa que deseamos, necesitamos haber inundado nuestros ojos de lágrimas más de una vez porque es entonces cuando realmente apreciamos aquello que anhelamos.
suena:the fray-how to save a life acoustic
