domingo, 7 de octubre de 2007

PrEgUnTaS rEtÓrIcAs

¿Cuándo sabemos que una persona ha alcanzado su madurez? ¿Cuándo sabemos que ya somos demasiado mayores como para andar con tonterías? ¿Ser una persona madura significa que no nos podemos divertir? Podría estar haciendo un millón de ese tipo de preguntas y ser capaz de seguir haciéndolas sin poder contestar a ninguna.
El viernes tuve noche de crisis, por lo que llame corriendo a mis amigos en plan “necesito veros ¡ya!” Para variar nos fuimos al chino a cenar (somos peores que Fiti y Candela en sus mejores momentos) y allí, en la mesa de al lado había un grupo de chicas de 16 años hablando de temas triviales (sí, somos un poco cotillas pero es que estaban bastante pegadas a nosotros). En un alarde de somos peor que los del Tomate oímos decir a una de ellas:
- “Tía, es que con 18 años ya hay que ir planteándose sentar la cabeza, que ya no eres un niño”.
¿Perdona? ¿Con los 18 se es súper mayor? ¿Hay mas gente que como mis amigos piensan que deberíamos estar prometidos y pagando la hipoteca por tener ya 20 años? ¿Es realmente cierto que soy tan rara como me dice todo el mundo últimamente? Me agobian frases como:
- “Voy a dejar de beber porque ya tengo una edad como para dejar de hacer tonterías”
- “Es que no me apetece salir en plan desfase”
- “Quiero sentar la cabeza y tener una relación seria
- “Si salgo el viernes, no salgo el sábado”
Entiendo que no tengo 15 años, tengo más responsabilidades que hace 1 década y debo de ir mirando un poco al futuro, ¿pero tengo que dejar de vivir el presente? ¿Hacer botellón se considera un acto poco maduro? ¿Y si mientras hago botellón hablo de política? ¿Sigo siendo un mozuelo camino de mi desarrollo psicosocial?
Demasiadas preguntas posibles, ninguna respuesta coherente ni objetiva. Por eso tienes que darte cuenta que las cosas tienen que ir surgiendo por si solas. Tenemos que evitar forzar situaciones e ir creciendo poco a poco, porque es un cambio demasiado brusco como para que un puñado de velas en una tarta marque el límite de nuestra infancia. Y sobre todo, tratar de evitar “acabar” con el niño que llevamos dentro, porque paradójicamente muchas veces en la vida puede llegar a ser nuestra parte más sensata.

Porque sólo tu sabes el por qué de todas estas raylladas, porque ya no se cómo hacer para que te des cuenta de todo lo que vales, porque hay que abrir los ojos y los brazos y porque como te dije anoche “nadie dijo que esto fuera fácil” y además, si lo fuera sería demasiado aburrido. Descubre que no necesitas a nadie para sentir que vales y eres especial, porque lo eres simplemente siendo quien eres. Te quiero.


Suena: José Gozales: Down the line