
Estoy en el metro, lo que significa que cuando llegue a mi casa me tendré que poner a pasar esto al blog. He pensado en scanearlo y poner la hoja directamente, pero teniendo en cuenta mi letra y el vaivén del metro lo mejor es que lo transcriba y punto.
Si anoche decía que quería volver a la rutina, hoy me lo replanteo. Que sí, que sigo diciendo que hay un montón de cosas buenas, pero… ¿y las malas? Volvemos a los madrugones insufribles, atascos desesperantes y parones y retrasos constantes del metro (quien bien me conoce sabe que una avería o cualquier problema en la línea 6 puede llegar a estresarme hasta puntos insospechables). En fin, todo esto significa que volvemos a los viajes de como mínimo una hora y media de mi casa a Somosaguas y viceversa; lo que a su vez implica al menos 3 horas al día de ir escuchando el mp3 y “rayllándome” con mis paranoias. Pensar como me gustaría que fueran las cosas, hacer y deshacer por un momento las cosas a mi gusto y antojo mientras disfruto de mis fantasías, pero… ¿hasta que punto eso es sano? No quiero volver a ilusionarme, no quiero que una vez más me abofetee la cruda realidad, o mejor dicho, quiero ilusionarme, que esa sensación de felicidad me invada y que mis ilusiones se hagan realidad. Volver a sentir esa sensación que hace tiempo no experimento y que no sea un gozo efímero.
Nuevos planes, nuevas metas. Mirada al frente y cabeza bien alta, decidida a conseguir aquello que me propongo e ir imponiéndome nuevos objetivos por los que luchar.
De repente salgo de mi pompa, levanto la vista e intento centrarme porque la verdad no tengo ni idea de por donde voy. Así sin más escucho:
“Tinoniii próxima estación: SAINZ DE BARANDA”
¡Por poco! Recojo a prisas el chiringuito porque la próxima parada es la mía. Miro hacia la puerta y no se si por mi falta de cordura o por lo que sea me viene a mi cabeza la musiquita del Tetris pensando en cómo coño voy a conseguir salir y llegar a mi bus (solo faltan 7 minutos).
suena: ben lee- catch my disease
